Genero y Renovables PDF Imprimir E-mail

Para la mayoría de personas, ‘energía’ significa electricidad, petróleo, gas natural y combustible para motores, y por lo general se considera que encargarse de estos asuntos es tarea de hombres. Sin embargo, en muchos países en desarrollo, especialmente en las zonas más pobres, la mayoría de la energía proviene de combustibles de biomasa tradicional como la leña y el carbón, y su recolección es estrictamente ‘asunto de mujeres’. Esto tiene consecuencias de largo alcance para el desarrollo económico y social de esos países en vías de desarrollo.

Los efectos del cambio climático se manifiestan en el incremento de condiciones extremas en el clima: elevadas temperaturas, elevación del nivel del mar, falta de agua potable, reducción de las cosechas, desastres naturales, etc. La población pobre será la más afectada y la que de menores recursos podrá disponer para hacer frente al cambio climático. Las mujeres constituyen el 70% de esta población, si a esto le añadimos la distribución de roles en la sociedad, entre los que en el caso de las mujeres se encuentran los de acarrear agua, colectar leña y proveer de alimento a la familia, está claro que el cambio climático es una cuestión de género y que las mujeres son más vulnerables que los hombres a sus efectos.

Con respecto a la sostenibilidad, igualmente y por el reparto de tareas, la mujer es en los países en vías de desarrollo la principal consumidora de leña y de recursos naturales y en el mundo desarrollado la que en el hogar más puede actuar con respecto al ahorro energético con el adecuado uso de los electrodomésticos, se responsabiliza de las tareas de reciclaje y la clasificación de residuos, así como por su mayor carga educadora, con su comportamiento contribuye a la educación de las generaciones futuras en sostenibilidad y respeto al medio ambiente.

Por todo lo anteriormente expuesto y muchas razones más, es imprescindible la incorporación de la perspectiva de género en las instituciones que trabajan en estos asuntos. “El género” está ausente institucionalmente, en la toma de decisiones. A modo de ejemplo ni una sola vez se le nombra en el Protocolo de Kyoto. Las mujeres constituyen el 50% de la población mundial, por lo tanto hombres y mujeres deberían ser responsables, padecer y contribuir a mitigar en igual medida el cambio climático, participando y siendo escuchadas en los foros en los que se debate sobre los efectos y las soluciones a tomar.

Mirando a los países desarrollados, cuya responsabilidad en el calentamiento global es desproporcionadamente grande, el sector transporte es una de las fuentes primarias de los gases de invernadero, las mujeres en el Norte suelen poseer menos coches y utilizar más el transporte público. Más aún, en Europa los coches conducidos por mujeres suelen ser menores y con un mayor rendimiento en el consumo de combustible porque no los ven como símbolos de prestigio, sino como herramientas útiles para sus tareas y los adquieren con un sentido práctico.

Hombres y mujeres no afrontan de igual forma las dificultades que implica el cambio climático, mientras que los hombres tienden más a buscar las soluciones en la tecnología, ellas tienden más a medidas de ahorro energético y sostenibilidad pudiendo aportar el conocimiento y la experiencia que poseen en cuanto al mantenimiento de la biodiversidad por medio de la conservación y la adaptación. Sin embargo, a nivel de política internacional, la ausencia del género en los debates sobre el cambio climático resulta manifiesta. De hecho, los términos de "mujeres" y "género" faltan en los dos principales acuerdos internacionales sobre el calentamiento global: la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Protocolo de Kyoto. Estudios y campañas feministas recientes desafían esta invisibilidad del género, señalando en especial la importancia de diferencias por géneros en el análisis de la vulnerabilidad y la adaptación al calentamiento global.

Aunque poco, las cosas empiezan a cambiar; el 7 de diciembre en Bali y por primera vez en una reunión de la UNFCCC (United Nations Framework Convention on Climate Change) hubo una sesión exclusivamente dedicada al análisis del cambio climático con perspectiva de género. Las principales conclusiones fueron que es de vital importancia la participación de las mujeres en los órganos de decisión sobre actuaciones frente al cambio climático, que hay que considerar aspectos de género en cuando a necesidades de adaptación y participación en los planes de desarrollo, que hay que asegurar la equidad en todos los aspectos y sobre todo utilizar las capacidades y conocimientos de las mujeres, mereciendo especial atención:

  • Los patrones específicos de uso de los recursos naturales según el género.
  • Los efectos específicos del cambio climático de acuerdo al género.
  • Los aspectos de género alrededor de la mitigación y adaptación al cambio climático.
  • Los aspectos de género y posibilidades de toma de decisión respecto al cambio climático
  • La capacidad de las mujeres para enfrentar el cambio climático
  • Los patrones de vulnerabilidad relacionados al género.
El proyecto europeo “Climate for change, gender equality and climate policy” (http://www.climateforchange.net) tiene como principal objetivo mejorar la participación de las mujeres en las tomas de decisión relacionadas con la protección del clima, especialmente a nivel local. Los principales paquetes de trabajo, instrumentos y políticas aplicadas en diferentes lugares europeos, en su página se puede encontrar los informes, herramientas, datos estadísticos así como iniciativas tomadas y sus efectos en el entorno en el que se han aplicado. A todas las mujeres y hombres que el 8 de marzo, día Internacional de la Mujer, seguirán trabajando porque el cambio climático, la dignidad y la vida dejen de ser “cuestión de género”
 

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